A ti, Señor, levanto mi alma;
Dios mío, en ti confío, no quede yo defraudado. Que no se burlen de mí mis
enemigos; pues los que esperan en ti, no quedan defraudados.
Ad te levávi ánimam meam, Deus
meus, in te confído, non erubéscam. Neque irrídeant me inimíci mei, étenim univérsi
qui te exspéctant non confundéntur.
Oremos:
Señor, despierta en nosotros el deseo de prepararnos a la venida de Cristo con
la práctica de las obras de misericordia para que, puestos a su derecha el día
del juicio, podamos entrar al Reino de los cielos.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
¡Ojalá, Señor, rasgaras el cielo y bajaras!
Lectura del profeta Isaías
63, 16b-17;19; 64, 3b-8
Tú, Señor, eres nuestro padre y
nuestro redentor; ése es tu nombre desde siempre. ¿Por qué, Señor, nos has
permitido alejarnos de tus mandamientos y dejas endurecer nuestro corazón hasta
el punto de no temerte? Vuélvete por amor a tus
siervos, a las tribus que son de tu heredad. Ojalá
rasgaras los cielos y b ajaras, estremeciendo las montañas con tu presencia.
Descendiste y los montes se estremecieron con tu presencia. Jamás se oyó decir,
ni nadie vio jamás que otro Dios, fuera de ti, hiciera tales cosas en favor de
los que esperan en él. Tú sales al encuentro del que practica alegremente la
justicia y no pierde de vista tus mandamientos.
Estabas airado porque nosotros pecábamos y te éramos siempre rebeldes. Todos
éramos impuros y nuestra justicia era como trapo asqueroso; todos estábamos
marchitos, como las hojas, y nuestras culpas nos arrebataban, como el viento.
Nadie invocaba tu nombre, nadie se levantaba para refugiarse en ti, porque nos
ocultabas tu rostro y nos dejabas a merced de nuestras culpas.
Sin embargo, Señor, tú eres nuestro Padre; nosotros somos el barro y tú el
alfarero; todos somos hechura de tus manos.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del Salmo 79
Señor, muéstranos tu favor y
sálvanos.
Deus, convérte nos, illústra fáciem tuam, et salvi érimus.
Escúchanos, pastor de Israel; tú
que estás rodeado de querubines, manifiéstate, despierta tu poder y ven a
salvarnos.
Señor, muéstranos tu favor y sálvanos.
Deus, convérte nos, illústra fáciem tuam, et salvi érimus.
Señor, Dios de los ejércitos,
vuelve tus ojos, mira tu viña y visítala; protege la cepa plantada por tu mano,
el renuevo que tú mismo cultivaste.
Señor, muéstranos tu favor y sálvanos.
Deus, convérte nos, illústra fáciem tuam, et salvi érimus.
Que tu diestra defienda al que
elegiste, al hombre que has fortalecido. Ya no nos alejaremos de ti;
consérvanos la vida y alabaremos tu poder.
Señor, muéstranos tu favor y sálvanos.
Deus, convérte nos, illústra fáciem tuam, et salvi érimus.
Aguardamos la manifestación de nuestro Señor Jesucristo
Lectura de la primera carta del
apóstol san Pablo a los Corintios
1, 3-9
Hermanos: Les deseamos la gracia y
la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Cristo Jesús, el Señor.
Continuamente agradezco a mi Dios los dones divinos que les ha concedido a
ustedes por medio de Cristo Jesús, ya que por él los ha enriquecido con
abundancia en todo lo que se refiere a la palabra y al conocimiento; porque el
testimonio que damos de Cristo ha sido confirmado en ustedes a tal grado, que
no carecen de ningún don ustedes, los que esperan la manifestación de nuestro
Señor Jesucristo. él los hará permanecer
irreprochables hasta el fin, hasta el día de su advenimiento. Dios es quien los
ha llamado a la unión con su Hijo Jesucristo, y Dios es fiel.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aleluya, aleluya.
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
Osténde nobis, Dómine, misericórdiam tuam, et salutáre tuum da nobis.
Aleluya.
Velen, pues no saben cuándo vendrá el dueño de la casa
Lectura del santo Evangelio según
san Marcos
13, 33-37
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo dijo Jesús a sus
discípulos:
"Velen y estén preparados, porque no saben cuándo llegará el momento. Así como
un hombre que se va de viaje, deja su casa y encomienda a cada quien lo que
debe hacer y encarga al portero que esté velando, así también velen ustedes,
pues no saben a qué hora va a regresar el dueño de la casa: si al anochecer, a
la medianoche, al canto del gallo o a
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Oremos, hermanos y hermanas, al Señor, y pidámosle confiadamente que despierte
su poder y venga a salvarnos.
Respondemos a cada petición: Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que los fieles despierten del
sueño de sus indolencias y reciban con alegría la salvación que se acerca,
roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que se afiance la paz en el
mundo, y las riquezas de la creación se transformen en instrumento de progreso
y bienestar para todos los humanos, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que el Señor, con su venida,
alivie los dolores de los enfermos, dé paz y alegría a los que sufren en su
espíritu y libre al mundo de sus males, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que nosotros mismos vivamos
siempre alerta, sin que las preocupaciones de la vida nos impidan mantenernos
en pie cuando llegue el Hijo del hombre, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Celebrante:
Señor Dios, Padre y Redentor nuestro, que nunca olvidas las obras de tus manos;
escucha las plegarias de tu pueblo y no permitas que nos desviemos de tu
camino, sino que, como siervos responsables, vivamos siempre en vela,
aguardando la venida de tu Hijo Jesucristo. él, que vive y reina por los siglos
de los siglos.
Amén.
Acepta, Señor, este pan y este vino,
escogidos de los bienes que hemos recibido de ti, y concédenos que esta
Eucaristía que nos permites celebrar ahora, en nuestra vida mortal, sea para
nosotros prenda de salvación eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Las dos venidas de Cristo
En verdad es justo y necesario, es nuestro
deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo,
Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Quien al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne, realizó el plan
de redención trazado desde antiguo y nos abrió el camino de la salvación; para
que cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria, revelando así la
plenitud de su obra, podamos recibir los bienes
prometidos que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin
cesar el himno de tu gloria:
[Misa]
El Señor nos dará la lluvia y
nuestra tierra dará su fruto.
Dóminus dabit benignitátem,
et terra nostra dabit fructum suum.
Oremos:
Señor, que fructifique en nosotros la celebración de estos sacramentos con los
que tú nos enseñas, ya en nuestra vida mortal, a descubrir el valor de los
bienes eternos y a poner en ellos nuestro corazón.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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